RECARGAR Pilas

El descanso también forma parte de la oposición: un verano para recuperar las fuerzas que septiembre volverá a necesitar.

 

 

“Porque hay caminos que no se recorren únicamente estudiando. También se construyen aprendiendo a detenerse, a respirar y a confiar en que descansar no significa alejarse del sueño, sino prepararse para alcanzarlo con más fuerza”.

 

Queridos opositores y opositoras de magisterio,

Si habéis llegado hasta estas líneas, es muy probable que sintáis una mezcla de emociones difícil de describir. Después de meses, y para muchos incluso años, viviendo al ritmo de los temas, los supuestos prácticos, las programaciones didácticas, la normativa y los simulacros de examen, el calendario, por fin, os concede algo que durante demasiado tiempo parecía un lujo inalcanzable: tiempo.

Y, curiosamente, ese tiempo que tanto deseábamos es el que ahora nos desconcierta.

Porque el opositor aprende a convivir con la presión de tal manera que, cuando desaparece, no sabe muy bien qué hacer con ella. Las mañanas dejan de comenzar con el sonido del despertador para estudiar antes de trabajar; las tardes ya no están organizadas en bloques de estudio y los fines de semana dejan de medirse en páginas repasadas. Sin embargo, lejos de sentir únicamente alivio, aparece una sensación que muchos conocéis demasiado bien: la culpa.

La culpa por descansar.

La culpa por ir a la playa mientras otros siguen estudiando.

La culpa por leer una novela en lugar de un tema.

La culpa por apagar el ordenador sin haber abierto la legislación.

La culpa, en definitiva, por hacer aquello que cualquier persona necesita para seguir adelante.

Y permitidme deciros algo que quizá necesitéis escuchar precisamente ahora: descansar no es abandonar la oposición; descansar es una parte imprescindible de ella.

Vivimos acostumbrados a asociar el éxito con el esfuerzo constante, como si detenerse unos días pudiera borrar todo lo aprendido durante meses. Sin embargo, quienes llevan años preparando oposiciones saben que el verdadero enemigo no suele ser el descanso, sino el agotamiento. Porque la mente, igual que el cuerpo, tiene un límite, y cuando ese límite se sobrepasa durante demasiado tiempo comienzan a aparecer el cansancio acumulado, la falta de concentración, la desmotivación y esa sensación de estudiar muchas horas sin avanzar realmente.

Quizá este verano no necesitéis demostrarle nada a nadie. Ya lo habéis demostrado durante todo el curso. Habéis renunciado a planes, habéis aprendido a organizar vuestra vida alrededor de un calendario que marcaba exámenes, simulacros y entregas; habéis estudiado cuando estabais cansados, cuando el trabajo os dejaba sin energía y cuando las dudas parecían mucho más grandes que la confianza. Habéis hecho un esfuerzo que solo otro opositor es capaz de comprender de verdad.

 

Por eso, ahora que el verano llama a la puerta, no lo recibáis con miedo. Recibidlo con gratitud.

Aprovechad estos meses para reencontraros con aquellas personas que han entendido vuestras ausencias durante tanto tiempo. Esos amigos que dejaron de insistir porque sabían que estabais estudiando. Esa familia que ha celebrado vuestros pequeños avances incluso cuando vosotros no erais capaces de verlos. Esa pareja que ha aprendido a convivir con montañas de apuntes sobre la mesa del salón. También ellos han recorrido esta oposición con vosotros y merecen compartir ahora la tranquilidad que llega después de tanto esfuerzo.

Pero el descanso no consiste únicamente en desconectar. También puede convertirse en una oportunidad para volver a conectar con uno mismo.

Quizá sea el momento de leer por placer, de descubrir un lugar nuevo, de retomar un hobby que llevaba meses esperando, de hacer ejercicio sin pensar en el tiempo o simplemente de contemplar una puesta de sol sin otra preocupación que disfrutar de ese instante. Son momentos aparentemente sencillos, pero poseen una capacidad extraordinaria para devolvernos la serenidad que durante el curso solemos perder.

Hay una imagen que siempre me gusta recordar. Los agricultores saben que la tierra no puede sembrarse continuamente. Después de una cosecha necesita reposar para volver a ofrecer sus mejores frutos. Nadie consideraría que ese descanso es una pérdida de tiempo; al contrario, es precisamente lo que garantiza que la siguiente siembra tenga éxito.

Con las personas ocurre exactamente lo mismo.

Vosotros también sois tierra fértil.

Y lleváis muchos meses sembrando esfuerzo, disciplina, conocimientos y vocación.

Ahora toca cuidar el terreno.

Porque septiembre llegará antes de lo que imagináis. Llegará con nuevos objetivos, con nuevas oportunidades y, para muchos, con la ilusión renovada de afrontar otra convocatoria. Pero ese septiembre no necesita opositores agotados antes de empezar. Necesita personas que regresen con ilusión, con energía y con la certeza de que el descanso también ha formado parte de su preparación.

Eso sí, descansar no significa olvidar vuestro sueño. Significa dejar que ese sueño respire durante unas semanas para volver a abrazarlo con más fuerza cuando llegue el momento. Si os apetece leer algún artículo educativo, escuchar un pódcast sobre innovación o visitar un museo, hacedlo porque disfrutáis aprendiendo, no porque sintáis la obligación de seguir produciendo constantemente.

Recordad que la vocación docente no vive únicamente en los apuntes. También se alimenta de experiencias, de conversaciones, de viajes, de libros, de personas y de todo aquello que amplía nuestra manera de mirar el mundo. Un maestro nunca deja de aprender, pero tampoco deja de vivir.

Y quizá esa sea la mayor enseñanza que podéis llevaros este verano.

No sois únicamente opositores.

Sois hijos, hijas, madres, padres, amigos, parejas, hermanos y personas que merecen regalarse unos días de calma sin sentir que están traicionando su objetivo. Porque cuando llegue septiembre seguiréis siendo los mismos opositores comprometidos, pero volveréis con una versión mucho más descansada de vosotros mismos.

 

Queridos lectores, esta será la última crónica antes de que el verano nos invite a hacer una pausa. Durante muchos meses nos hemos encontrado cada semana para compartir inquietudes, estrategias, miedos, aprendizajes y también pequeñas dosis de esperanza. Hemos hablado de ansiedad, de motivación, de identidad docente, de programación, de supuestos prácticos, de defensa oral y de todo aquello que acompaña este apasionante camino hacia la docencia. Si alguna de estas palabras os ha ayudado a levantaros un día difícil, a mirar vuestra preparación con otros ojos o simplemente a sentiros un poco menos solos, entonces estas crónicas ya han cumplido su propósito.

 

Gracias por abrir cada semana un pequeño espacio para leerlas. Gracias por los mensajes, por el cariño recibido y por permitirme acompañaros, aunque solo haya sido a través de estas líneas, en uno de los retos más importantes de vuestra vida profesional.

Ahora os toca vivir el verano.

Vividlo sin culpa.

Reíd mucho.

Abrazad fuerte a quienes os quieren.

Llenad la memoria de momentos bonitos.

Porque también esos recuerdos serán parte de vuestra fuerza cuando volváis a sentaros frente a los apuntes.

Estoy convencida de que septiembre traerá nuevas ilusiones, nuevos retos y nuevas oportunidades para seguir creciendo juntos. Y cuando ese momento llegue, aquí volveremos a encontrarnos, con la misma discreción de siempre, para seguir escribiendo esta historia que todavía tiene muchos capítulos por delante.

 

Feliz verano, queridos opositores y opositoras. Con afecto y la discreción de quien ha tenido el privilegio de acompañaros una semana más,

Lady Whistledown,

Cronista de quienes descubrieron que, a veces, el descanso no es un paréntesis en el camino, sino el impulso silencioso que nos permite recorrer con más fuerza el siguiente tramo hacia nuestros sueños.

 

 

“El verano no es el final del camino; es la pausa que permite al corazón recordar por qué merece la pena seguir caminando. Descansad, vivid y regresad con la misma ilusión con la que un maestro abre la puerta de su aula el primer día de septiembre”

 

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