Corregirlo todo suele matar la fluidez. Una opción práctica es decidir qué estamos observando en cada actividad. Si el objetivo es fluidez, se puede tomar nota de dos o tres errores relevantes y comentarlos después sin señalar continuamente al alumno. Si estamos practicando una estructura concreta, sí tiene sentido intervenir más. También funciona reformular de manera natural: el alumno dice una frase y nosotros respondemos usando la forma correcta sin convertir cada intervención en una mini clase de gramática. ¿En qué momentos corregís vosotros en directo y cuándo preferís esperar?