La asamblea funciona mejor cuando tiene propósito y ritmo. No tiene por qué contener siempre calendario, tiempo, encargado, conversación, canción y todo lo demás. Se puede variar: un día centrarse en anticipar la jornada, otro en resolver un conflicto, otro en una conversación breve a partir de una fotografía o un objeto. Con tres años, menos suele ser más. Si empiezan a moverse o perder la atención, quizá el problema no sea “que no saben estar”, sino que la propuesta ya ha durado demasiado. ¿Qué parte de vuestra asamblea os resulta realmente imprescindible?