Cada palabra importa.
Queridos y queridas opositoras, aspirantes a guardianes de la infancia,
soñadores y soñadoras de aulas llenas de futuro:
Hoy no escribo para hablar de leyes educativas, ni de decretos que van y vienen como modas pasajeras. Hoy escribo para hablar de algo mucho más poderoso, invisible a los ojos, pero eterno en el corazón: la palabra del maestro.
Porque antes de ser funcionarios, antes incluso de ser docentes, seréis voz. Voz que nombra, que sostiene, que guía. Voz que puede encender una llama… o apagarla para siempre.
En cada aula hay pequeñas miradas que aún no saben quiénes son, pero que aprenderán a descubrirlo, en gran parte, a través de lo que escuchan. Y ahí, queridos opositores y opositoras, reside vuestra grandeza y vuestra responsabilidad.
El proyecto que hoy nos convoca, 
¿Quién no recuerda una frase que aún resuena años después?
“Confío en ti.”
“Sé que puedes.”
“Estoy orgullosa de tu esfuerzo.”
Y, por desgracia, también lo contrario.
Un maestro no solo enseña a leer; enseña a leerse. No solo enseña a escribir; enseña a escribirse por dentro. Cada corrección, cada comentario, cada gesto verbal construye, o deconstruye, la imagen que el alumnado forma de sí mismo.
Este proyecto invita a detener el ritmo acelerado del aula para reflexionar. A crear espacios donde el alumnado descubra que las palabras pesan, que pueden abrazar o herir, que pueden abrir caminos o cerrarlos. Porque antes de aprender a sumar, hay que aprender a sumar autoestima. Antes de conjugar verbos, hay que conjugar emociones.
En Cada palabra importa, el aula se convierte en un lugar seguro donde se analizan frases cotidianas, se transforman mensajes negativos en positivos, se verbalizan emociones y se aprende a hablar desde el respeto y la empatía. Se enseña que un “no sirves” puede convertirse en un “aún estás aprendiendo”. Que un “siempre lo haces mal” puede transformarse en un “cada día mejoras”.
Y mientras ellos aprenden… vosotros también.
Porque este proyecto no solo educa al alumnado, sino que interpela al docente. Nos obliga a mirarnos, a revisar nuestro lenguaje, 
Queridos opositores, no subestiméis el poder de vuestra voz. No penséis que solo importa lo que expliquéis, sino cómo lo digáis. El tono, la intención, la mirada que acompaña a la palabra. Todo comunica. Todo educa.
En una sociedad que corre, que etiqueta, que juzga con rapidez, la escuela puede, y debe, ser un refugio. Un lugar donde cada niño y cada niña se sienta visto, escuchado y nombrado con amor. Y eso empieza con vosotros.
Quizá hoy estáis cansados. Quizá dudáis. Quizá el temario pesa y el camino parece interminable. Pero dejad que os recuerde algo importante: no estáis luchando solo por una plaza, estáis luchando por la oportunidad de cambiar vidas.
Un día, sin saberlo, seréis la razón por la que alguien se atreva a hablar en público. O la voz que hizo que un niño creyera en su inteligencia. O el recuerdo amable al que una niña vuelva cuando dude de sí misma.
Cada palabra importa porque vosotros importáis. Porque vuestra manera de hablar al mundo puede marcar la diferencia entre el miedo y la confianza, entre el silencio y la expresión, entre el “no puedo” y el “voy a intentarlo”.
Así que seguid.
Persistid.
Confiad.
Porque las aulas necesitan maestros que sepan enseñar…
pero, sobre todo, que sepan cuidar con palabras.
Y creedme, queridos lectores y lectoras,
no hay legado más noble que ese.
Porque al final del día, cuando el aula queda en silencio y las sillas vuelven a su lugar, no permanecen las fichas ni los contenidos exactos que explicamos. Permanecen las palabras. Las que sostuvieron, las que animaron, las que ofrecieron refugio cuando alguien lo necesitó.
Cada palabra importa no es solo un proyecto; es una forma de estar en el aula, de mirar a la infancia con respeto y de entender que educar es también elegir con cuidado aquello que decimos. Es recordar que nuestra voz puede ser impulso, consuelo y esperanza.
Que nunca olvidemos, queridos maestros y maestras del mañana, que en nuestras manos no solo está enseñar, sino nombrar con amor a quienes están aprendiendo a ser. Y cuando dudéis, cuando el cansancio pese, volved a esta certeza: una sola palabra vuestra puede cambiar un día… o una vida entera.
Y eso, sin duda, hace que todo el esfuerzo haya merecido la pena.
Con la más distinguida admiración, respeto y cariño
Lady Whistledown.
Si quieres saber de nuestro método de estudio, escríbenos y te enviamos información. Estamos ilusionadas de poder acompañarte hasta tu objetivo! ESCRÍBENOS



