Crónica de cierre de temporada.
Por su siempre atenta observadora de la alta sociedad opositora.
Queridos y distinguidos lectores,
Cuando el año se despide con paso elegante y el calendario se inclina en una última reverencia, esta cronista no puede evitar detener su pluma para dedicar unas líneas a quienes han sido, sin lugar a dudas, el verdadero corazón de estas crónicas: vosotras y vosotros, nobles opositores del magisterio.
Se comenta en los salones, y puedo asegurar que con sincera admiración, que, aun entre apuntes subrayados, cafés ya fríos y noches demasiado largas, habéis encontrado unos minutos de vuestro valiosísimo tiempo para leer estas crónicas semanales. Y créanme cuando les digo que no hay mayor honor para quien escribe que ser acompañante, aunque sea breve, en un camino tan exigente.
Porque opositar no es simplemente estudiar. Es resistir. Es volver a levantarse tras el cansancio. Es creer, incluso cuando las fuerzas flaquean, que el esfuerzo sembrado hoy florecerá mañana.
Este año que se cierra ha sido testigo de vuestra constancia silenciosa. De días en los que el temario parecía interminable y de otros en los que una pequeña victoria, un concepto entendido, una explicación bien ensayada, devolvía la esperanza. Y aun así, seguisteis adelante. Siempre adelante.
Ahora, un nuevo año se asoma con discreción, cargado de promesas y oportunidades. No será un camino sencillo, eso nadie lo ha sido nunca en la alta sociedad de las oposiciones. Pero permítanme recordarles algo que quizá olvidan en los momentos de duda: no se recorre este sendero sin vocación, ni se permanece en él sin valentía.
Que el año que comienza les regale claridad, energía renovada y la certeza de que cada hora de estudio es una inversión en el futuro que sueñan. Que encuentren belleza incluso en el esfuerzo, y que no olviden celebrar cada pequeño avance, porque todos cuentan.
Y si alguna vez el ánimo flaquea —como ocurre incluso en los más brillantes salones— recuerden que no están solos. Esta cronista seguirá observando, escribiendo y creyendo en ustedes.
Con gratitud profunda y los mejores deseos para el nuevo año,
Lady Whistledown cronista de quienes luchan en silencio por cumplir sus sueños.
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