PLAY List TRIBU

Crónica social de una tribu muy particular.

Por una atenta observadora de los salones educativos, al más puro estilo Lady Whistledown.

 

Queridos lectores,

Si algo he aprendido tras años observando con discreción, pero con ojo afilado, los acontecimientos más relevantes de nuestra sociedad, es que las aulas, al igual que los grandes salones de baile, funcionan como auténticas tribus. Espacios donde se forjan alianzas, se comparten códigos secretos y, con un poco de fortuna, se crean recuerdos destinados a perdurar mucho más allá del último timbre del curso.

Y precisamente hoy me veo en la obligación, dulce obligación, debo añadir, de relatar una iniciativa que ha causado un delicioso revuelo entre pupitres y paredes decoradas: la creación de una playlist de los años 80 como ritual diario para fortalecer la unión de la tribu. Sí, han leído bien.

Música. Emoción. Memoria. Y comunidad.

 

 

 

 

Cuando el aula deja de ser aula y se convierte en tribu.

En esta clase, una tribu moderna, aunque con raíces profundas, se ha comprendido una verdad fundamental: aprender juntos es más poderoso cuando se siente pertenencia. No basta con compartir un espacio; hay que compartir experiencias, símbolos y rituales. Y pocos rituales son tan universales y tan cargados de significado como la música.

Así nació el proyecto. No como una imposición, sino como una invitación elegante: ¿y si comenzamos cada día con una canción?
Pero no cualquier canción. Canciones de los años 80. Canciones que no pertenecen del todo al alumnado… y precisamente por eso, lo hacen.

 

 

 

Música que no es solo música, sino puente.

Estas canciones, cuidadosamente elegidas, pertenecen a la época de sus padres, madres e incluso abuelos y abuelas. Y aquí, queridos lectores, reside la auténtica genialidad del proyecto: para poder elegir, el alumnado debe preguntar, conversar, escuchar historias familiares.

De pronto, la música deja de ser solo sonido y se convierte en puente generacional.
“Esta la escuchaba mi madre cuando iba en coche con sus amigas.”
“Mi abuelo dice que bailó esta canción en su primer trabajo.”
“Mi padre siempre la pone cuando está contento.”

¿No les parece exquisito? En un mundo donde todo corre, esta tribu se detiene para escuchar el pasado, para traerlo al presente y convertirlo en aprendizaje compartido.

 

 

 

El ritual diario: comenzar el día con sentido.

Cada mañana, la tribu inicia la jornada con una canción de la playlist. Suena al entrar, mientras se acomodan, mientras el día se despereza. Y después, llega el momento más esperado: el análisis y la conversación.

Se pregunta:

  • ¿Quién ha elegido la canción?
  • ¿Por qué la ha elegido?
  • ¿Qué historia hay detrás?
  • ¿Qué nos hace sentir?

No se trata de analizar acordes ni estructuras musicales, aunque a veces ocurra,  sino de poner palabras a las emociones, de aprender a expresar recuerdos, vínculos y sentimientos. La música se convierte así en excusa perfecta para trabajar la oralidad, la escucha activa y el respeto por la historia del otro.

 

 

De lo oral a lo escrito: dejar huella.

Como toda buena crónica que se precie, esta historia no queda solo en el aire. La tribu ha creado una playlist visible en la pared del aula, un espacio común que crece día a día. Allí, con letra cuidada y orgullo compartido, se escribe:

  • El título de la canción
  • El autor o grupo musical

No es solo decoración. Es memoria colectiva. Es la prueba tangible de que el aula vive, recuerda y construye historia propia. Cada canción añadida es un capítulo más del curso, un testimonio de quiénes fueron y de cómo se sintieron juntos.

 

 

 

La música como guardiana de recuerdos bonitos.

Cualquiera con un mínimo de sensibilidad sabe que la música tiene el extraño poder de transportarnos. Una canción puede devolvernos a un verano, a una persona, a una emoción olvidada. Y este proyecto lo entiende a la perfección.

Al asociar canciones a momentos cotidianos del aula, se están sembrando recuerdos que, con toda probabilidad, volverán muchos años después. Tal vez, en el futuro, alguno escuche una de esas canciones y piense:
“Esta sonaba en mi clase. Aquí fui feliz.”

Y si eso no es educación en su forma más noble, no sé qué lo será.

 

 

 

 

Un regalo y un proyecto precioso.

No exagero, jamás lo haría, si afirmo que este proyecto es un regalo. Un regalo emocional para el alumnado, para las familias que comparten sus recuerdos y para la propia tribu, que se fortalece día a día.

Es un proyecto sencillo, sí, pero cargado de intención. Un proyecto que no necesita grandes recursos, solo mirada pedagógica y corazón. Porque unir a una tribu no siempre requiere grandes gestos; a veces basta con una canción, una historia y el deseo sincero de escucharse.

 

 

 

Epílogo de una observadora encantada.

Así pues, queridos lectores, mientras algunos siguen creyendo que el aprendizaje solo ocurre entre libros y fichas, esta tribu demuestra que la música también educa, que recordar es aprender y que pertenecer es una de las mayores motivaciones que existen.

Y yo, desde mi discreto rincón, no puedo sino aplaudir esta iniciativa que convierte el aula en hogar, el curso en memoria y la música en hilo invisible que los une a todos.

Porque, al final, una tribu que canta junta… aprende unida.

Con la más sincera admiración,

 

 Lady Whistledown (cronista de aulas donde ocurren cosas importantes).

 

 

Si quieres saber de nuestro método de estudio, escríbenos y te enviamos información. Estamos ilusionadas de poder acompañarte hasta tu objetivo! ESCRÍBENOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Síguenos en:

CLases Online - Oposlive - Oposiciones de Maestros a medida

Contenido para OPOSITORES

Si necesitas ayuda con tu programación/programación pedagógica y UPD, no dudes en contactarnos, podemos ayudarte! Contáctanos.